Seguimos profundizando el camino de la educación emocional

En marzo compartimos el inicio de un nuevo año del Programa de Educación en Emociones, con la alegría de seguir ampliando esta red de trabajo junto a jardines y espacios educativos.

Hoy celebramos la continuidad de ese camino.

Durante esta primera parte del año seguimos acompañando al Nivel Inicial del Colegio Nuestra Señora del Rosario, el Colegio San Cayetano y el Apoyo Escolar Nuestra Señora de la Paz, instituciones con las que venimos recorriendo este proceso desde hace uno o dos años. También iniciamos este año el recorrido junto al Nivel Inicial del Colegio San Pablo, que se sumó a la propuesta con mucho compromiso.

En total, esta etapa alcanzó a 465 niños y niñas, a través de 17 docentes y equipos escolares.

La propuesta comienza por nosotros, los adultos. Porque para acompañar las emociones de los niños y las niñas, primero necesitamos reconocer las nuestras: ponerles nombre, aceptarlas y aprender a regular lo que hacemos con eso que sentimos.

Lo que sentimos es válido. Lo que podemos transformar es lo que hacemos con eso que sentimos.

A partir de ahí, seguimos construyendo herramientas para llevar al aula: el reconocimiento de las emociones, la expresión, la regulación emocional, el clima escolar, los vínculos y las situaciones cotidianas que aparecen en la convivencia.

También utilizamos cuentos como una forma cercana y sensible de abrir conversaciones. Las historias ayudan a los niños y las niñas a identificarse con personajes, poner palabras a lo que les pasa y encontrar nuevas maneras de expresarse.

Como parte de este recorrido, junto al jardín Nuestra Señora del Rosario realizamos una salida educativa con la sala de 3 a la Granja San Isidro Labrador. Allí los niños y niñas conocieron animales de la granja y aprendieron a hacer pan, en una experiencia que permitió seguir potenciando lo aprendido en contacto con la naturaleza y junto a otros.

Desde la Fundación creemos que educar en emociones también es cuidar la infancia. Porque cada vez que un adulto aprende a reconocer lo que siente, a ponerlo en palabras y a acompañar mejor, se fortalece el entorno donde crecen los niños y las niñas.

Esto también es desarrollo comunitario: construir espacios donde las personas se escuchan, aprenden juntas y generan vínculos más sanos para la vida cotidiana.

Por eso seguimos caminando junto a las comunidades educativas, convencidos de que la primera infancia se fortalece cuando los adultos, las instituciones y las familias trabajan en red.

La Fundación está presente desde el comienzo de la vida, fortaleciendo la red de cuidado que acompaña a niños, niñas y familias en sus primeros años.

Agradecemos a cada jardín, docente y equipo escolar por abrir estos espacios de encuentro y por seguir construyendo entornos más atentos, afectivos y saludables para aprender, convivir y crecer.